Esta frase, tan corta y tan profunda, se me ocurrió el otro día que iba por la calle al ver cierta publicidad en aquellos espectaculares que dominan la ciudad. Me dejó pensando. ¿De verdad creía yo que por usar determinado producto, ir a determinado lugar o vestir lo que me sugieren…, voy a ser más dichosa? Pues no, seguro que no. ¿pero cuántos hay que sí lo creen?

 

Decidí investigar más sobre el tema y encontré que la raíz de todo se llama “manipulación”, es un intento de influir sobre una persona indirectamente, con el fin de provocar una reacción.[1]

 

Se habla de un intento porque en nosotros está el hacerle caso o no. Desafortunadamente es tan atractivo y sutil el mensaje, y tan distraídos o débiles nosotros que es fácil caer.

 

El dejarnos influir es algo muy común y normal entre los seres humanos. Esta influencia ayuda al crecimiento personal pues se convierte en un intercambio mutuo. Pero la manipulación busca que las personas no piensen, simplemente obedezcan, que repitan, digan y  hagan lo mismo que los demás.

 

El manipulador ve a la persona como un objeto, se coloca encima de ella y con toda premeditación, alevosía y ventaja busca que haga lo que él quiere.

 

Es indirecta porque no da la cara, se esconde, se disfraza. Y se vale de los apetitos sensibles del hombre para convencerlo: imágenes audaces, sonido atronador, sabores exóticos, sensaciones táctiles agresivas, etc. Que directamente influyen en la imaginación, la memoria, los instintos y la afectividad.

 

Y busca lograr una reacción específica en el hombre, a menos que éste esté capacitado para decidir.

 

¿Y cómo me capacito para saber decidir?

Lo primero que debes preguntarte siempre antes de decidir es: ¿”eso” me hace ser mejor persona?. Aquí interviene tú inteligencia y tú voluntad pues la inteligencia te permitirá conocer la respuesta y la voluntad te ayudará a mantener tú postura, según lo que hayas decidido.

 

Aún así, no es tan fácil, es importante cultivar la inteligencia a través de buenas lecturas, buenas amistades, buenas costumbres, sanas diversiones. Se trata de saber pensar.

 

Y la voluntad también hay que educarla por medio de la fortaleza. Tener una actitud que me mantenga firme ante las decisiones correctas que me hacen crecer. Habrá ocasiones en que me tenga que quedar inmóvil, sin ceder, otras por el contrario, me llevan a acometer, a actuar, a luchar.

 

No toda la manipulación es negativa, puede ser positiva; esto lo sabrás si ejercitas tu razonamiento de forma que tú decisión sea libre, inteligente y responsable.

 

Recuerda que  “Una persona sana es más difícil de manipular”.

 

 

 

 

O.F. Claudia Denetro García

 

 

 

[1] Cfr Pliego Ballesteros María, Tú familia merece libertad, editor de revistas, colección Ser familia,  1ª edición, México 1991.

  

¿Decides tú o deciden por tí?