Verdes del Ecuador


Fotografía: Pissaro

En la Sempiterna noche de un sueño

tu espíritu voló

fuera del Ecuador,

tomó el halo, anidó mi voz

y con una ola lo trajo a mí.

Dos brillantes esmeraldas

besaron aquellas miradas,

dejando asomarse la luz de la luna de octubre

y plasmar su reflejo en el corazón de la cumbre.

Desde entonces, tus ojos verdes me nublaron,

la tempestad topó con la furia de mi hartazgo

dejado a capricho volar la pluma

para grabar las palabras en nuestra tumba.

Con poca luz te amé,

nos bebimos en un café;

las lágrimas de mar se revolvieron

con un jazz y un bolero,

tomando a la quimera de febrero.

Caza mi sombra la representación erótica de nuestro imaginario

misma que el horizonte va pintando,

mientras un misterio viaja por un éter verde

traspasa su iris y logra atravesar el temple.

Mil noches los he desnudado

incendiando dos luciérnagas cerca de mis labios,

sus párpados son recorridos por viejos andamios

y en el silencio llegan los suspiros.

Las gitanas horas emergen y agonizan,

rasgando partes de la verdad.

¡Grito sombrío al compás del amor!,

con el cielo se abre y nos deja consumir:

cierra los ojos, ve las estrellas,

toca la luna y besa su aliento.

Como dos hojas de árboles,

adoro cada parte de su naturaleza

luminosa y transparente;

he de estrechar en ellos mi existir,

hasta expiar en las orillas su eco de-venir.

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