April 6, 2018

March 29, 2018

March 26, 2018

Please reload

Entradas recientes

La Triada: institución, experiencia estética y público

 

La actividad artística es un juego que precisa de la participación del receptor,

ya no se trata de un objeto, sino de una experiencia;

una experiencia con relaciones de proximidad.

Nicolás Bourriaud

 

 

Nuestros modos de conocer y comprender el mundo del arte han ido transformándose en las últimas décadas. Las obras de arte ya no son lo que eran antes, ni los museos, ni los curadores, ni los visitantes. Todo cambia. El arte permanece como un testigo de la Historia, se convierte en una bitácora visual que relaciona sucesos y personas compartiendo un momento determinado por el tiempo y el espacio; el arte resulta ser un reflejo de la sociedad. Y como dicho reflejo, en esta primera mitad del siglo XXI las instituciones se enfrentan a una crisis de reconfiguración estratégica y el público encuentra cada vez más el sentido de vida en el consumo no solo de objetos sino de experiencias.

 

Aquí es donde comienza la interdisciplinariedad que tanto se presume en el siglo de la información abierta y compartida; los conceptos se prestan, se ajustan y se usan. Disciplinas como la economía, la mercadotecnia y la semiótica son algunas de las que emplearé para explicar un poco acerca de la Triada: institución, experiencia estética y público.

 

En la semiótica, el concepto de triada fue desarrollado por Charles Pierce para denominar la relación entre signo, objeto e intérprete en tres tiempos. En la economía, la relación de satisfacción de las necesidades humanas entre bienes y servicios también sucede en tres tiempos como producción, distribución y consumo. En la mercadotecnia cultural, estos conceptos se ajustan a las necesidades de la gestión y suceden nuevas triadas con tantas combinaciones posibles como el ámbito de estudio lo permita; en este caso institución, experiencia estética y público son los tres tiempos que desarrollaré a continuación.

 

 

Institución: un espacio relacional

 

Los procesos de gestión son herramientas fundamentales que permiten generar ideas, proyectos, productos y relaciones, dentro y fuera de las instituciones. Para ello, un modelo de gestión cultural con cuatro áreas básicas resume el quehacer institucional en planeación y programación; administración y operación, difusión y comunicación, y procuración de fondos. Para una universidad con un espacio cultural y un compromiso social cada área representa una oportunidad de relacionarse mercadológicamente con el visitante, la institución y los patrocinadores; ya que el marketing entendido como “un proceso social y de gestión a través del cual los distintos grupos e individuos obtienen lo que necesitan creando, ofreciendo e intercambiando satisfactores con valor y beneficios para ellos” (Kotler, 5) resulta de especial utilidad para encontrar y medir los beneficios que surgen de dicha relación.

 

Los tres beneficios principales que ofrece la mercadotecnia cultural para explicar este intercambio son los beneficios funcionales, emocionales y auto-expresivos. El primero se refiere a todo aquello que implica la accesibilidad y comodidad, tanto física como virtual, requerida por el visitante al acudir al centro de distribución (el foro, la galería, la librería, etcétera), es decir, la ubicación, el costo de entrada, el estacionamiento, si hay escaleras o elevador, página web, cafetería, etc. El segundo resulta un beneficio intangible e implica todas las sensaciones que el producto (el concierto, la obra de arte, la película, el performance, etcétera) provocó en el visitante. El tercero es el más importante de todos porque es donde sucede el consumo (estético, educativo, mercantil o artístico) por parte del visitante, público o cliente; tiene la posibilidad de expresar sus emociones y de reconstruir su experiencia en tiempo real. Es donde sucede la reflexión, el aprendizaje y la experiencia estética.

 

 

Experiencia estética: un intercambio justo

 

Las actividades económicas, las relaciones personales y por supuesto las prácticas artísticas nos obligan a redefinir constantemente los medios y propósitos para seguirlos consumiendo en la realidad o fuera de ella. Los espacios conceptuales o emocionales donde sucede el verdadero intercambio para satisfacer nuestras necesidades de objetos por dinero, ideas por experiencias, imágenes por palabras o realidades por ficciones son espacios intangibles, únicos e irrepetibles; intersticios sociales. Intersticio es un concepto desarrollado por Marx para denominar a las comunidades de intercambio que escapan del cuadro económico capitalista por no responder a la ley de la ganancia.

 

En la geología, el intersticio es el espacio hueco entre los granos de una roca; un espacio donde el arte puede generar una experiencia estética que activa otras realidades en la vida cotidiana. Cada persona imprime el sentido y construye una historia de lo que percibe, es el público quien completa el sentido de la obra. El valor estético se acentúa en la experiencia de quien observa y participa y no en las características formales de la obra; entendiendo que “la experiencia estética es la aprehensión de la vivencia, de esos modos de relación y de la incorporación que de los mismos hacemos en nuestra vida cotidiana” (Dewey, XVIII).

 

Dicho en otras palabras, el arte es la experiencia que transforma nuestro día y nuestro ser. Cuando hay un intercambio justo del tiempo invertido se entiende que el público es quien crea y vive la experiencia estética, los espacios culturales fungen solo como instituciones que ofrecen la posibilidad de tener encuentros entre sociedades de intercambio de experiencias estéticas.

 

Público, visitante o cliente: un objetivo común

 

En la gestión cultural, y en casi cualquier proyecto, se considera que las personas son la razón por las cuales se produce algo. Las personas son quienes consumen y en función de la satisfacción que obtienen de tal o cual producto deciden repetir o cambiar. La distinción entre público, visitante o cliente lo determina el objetivo que la industria busca en el comportamiento del individuo. Por ejemplo, un visitante puede convertirse en público o cliente dependiendo del tipo de intercambio si es económico o no, el objetivo es el mismo: que el visitante repita la transacción y regrese. En función de ello y suponiendo que es el público el que nos interesa, se clasifica de acuerdo al nivel del conocimiento del producto en tres tipos: inicial, aficionado y profesional.

 

El primero de ellos, el inicial o amateur es el más importante; porque es la oportunidad que tiene la gestión cultural de captar nuevos públicos, aquí el producto debe satisfacer y exceder sus necesidades para que decidan formarse en el ámbito cada vez más hasta llegar al siguiente tipo de público: el aficionado. Este público es el más fiel de los tres. Es donde se encuentra la mayoría de las personas que consumen lo que les emociona, no hay mucho que hacer con ellos, son enamorados de lo que consumen solo hay que cumplir sus necesidades con productos de calidad. El tercer nivel es el profesional, este tipo de público es el más reducido porque son aquellos individuos que se dedican a cierto ámbito (danza, arte, música, literatura, etc.) de manera disciplinada, constante y educada, algunos viven de ello y su nivel de conocimiento los obliga a señalar las virtudes y defectos del producto consumible; es un público difícil de complacer.

 

De la misma forma, dependiendo del producto a consumir, cada tipo de público puede registrar diferentes tipos de comportamiento en tres tiempos: golondrina, recurrente y exigente. El primero de ellos, público golondrina, describe aquellos que acudieron por primera vez a consumir un producto cultural pero éste no representó un intercambio justo, ya sea por su tiempo, por sus expectativas o por su experiencia estética, simplemente decide no regresar ni repetir la transacción. El segundo refiere a aquellos que sí cumplieron e incluso excedieron sus necesidades estéticas, por ello decide repetir la experiencia en otro momento y posiblemente en otro lugar. El tercero implica, generalmente, al público que es determinante con sus expectativas sobre un producto en particular, es crítico de manera vertical, transversal y horizontal sobre la calidad no solo del producto sino de la triada completa: desde la institución, hasta la experiencia estética y el público.

 

 

 

Bibliografía citada

-Bourriaud, Nicolás. Estética relacional. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora, 2006.

-Colbert, François y Manuel Cuadrado. Marketing de las Artes y la Cultura. Barcelona:

Ariel Patrimonio, 2003.

-Dewey, John. El arte como experiencia. Barcelona:Paidós, 2008.

-Kotler, Philip y Kevin Lane Keller. Marketing Management. 14ª ed., New Jersey: Prentice-Hall, 2012.

 

 

Marie-France Desdier Fuentes

Directora de Patrimonio Artístico y Espacios Culturales UDLAP

marief.desdier@udlap.mx

 

Fotografías: Nahui Twomey

 

 

 

Please reload

Please reload

Archivo