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La educación y los valores en la actualidad

Wells afirmó hace tiempo, después de la Pri­mera Guerra, que "la Historia se transforma cada vez más en una carrera entre la educación y la catástrofe", lo cual refleja la tensión ética existente desde los orígenes de la humanidad: la eterna búsqueda, transmisión y vivencia del bien a través de la educación, y la constatación diaria de que a cada momento surgen infinidad de obstáculos los cuales nos impiden llegar con plenitud a él y disfrutar de sus beneficios.

 

Ante la crítica de que se están perdiendo los valores se suele responder: “no, los valores no se pierden, siempre han estado allí”, y es cierto, pero no se nos “quita la inquietud”. La humanidad, en el transcurso de la Historia, siempre ha reflexionado acerca de los valores, dándoles prioridad a algunos en ciertos momentos, descubriendo nuevos valores y, desgraciadamente, relegando otros que en algún momento fueron fundamentales para el desarrollo humano y la cohesión social.

 

En la época actual, lo que estamos viviendo es un cambio en la escala de valores y la manera de vivir aquellos que se tenían hace unas décadas, así como el surgimiento de nuevos valores los cuales no se tomaban en cuenta o no se habían descubierto. Sería interesante reflexionar si dicho cambio es para bien o para mal, porque es un hecho que para algunos “se están perdiendo los valores”, mientras que otros dirían que se están incrementando.

 

Hace siglos Platón ya se quejaba de los jóvenes y de sus valores. Señalaba que el futuro de la sociedad corría peligro ante la indolencia de las nuevas generaciones, y sin embargo han pasado más de dos mil años y la humanidad continúa. Como Platón, ha sido una constante la queja de los grandes pensadores, y en especial de los adultos, con relación a los cambios que se van dando en las nuevas generaciones, lo cual podría deberse al temor al cambio, pues es normal sentirse más cómodos en el ambiente en el cual nos desarrollamos y nos dé temor lo que está surgiendo y no logramos entender.

 

Quizá convenga ver los cambios con más optimismo y olvidar la preocupación. Los valores que se mantengan serán aquellos que ayuden a las nuevas generaciones a enfrentar sus problemas.

 

También recordemos que poco a poco se han ido consolidando otros valores que antes no eran tomados en cuenta, como la tolerancia, el respeto a la naturaleza, el reconocimiento de la igualdad entre hombres y mujeres, la libertad de expresión, el pensamiento crítico, la solidaridad vivida en los recientes desastres, etcétera. ¡Que hay falta de vivencia de otros valores! Es cierto, y en algunos casos triste y preocupante, pero muchas veces es debido a que se entendían mal y se prestaban a ser utilizados como instrumento de manipulación. Por ejemplo, el respeto se confundió con el servilismo, la obediencia con la acriticidad e irracionalidad, la caballerosidad con el derecho a ver a la mujer como un ser inferior, etcétera.

 

 

Se dice que ahora ya no hay respeto, pero hay más libertad e igualdad; que ya no se obedece como antes, pero somos menos “agachados” y sumisos; que los hombres son menos amables con las mujeres, quizá sí, pero cada vez las mujeres ejercen más su libertad y dependen menos de ellos; que ahora la gente se queja de todo, y es cierto, pero porque ya hay más pensamiento crítico.

 

Para concluir, vivimos los valores que nos resultan importantes dadas las condiciones actuales. Esto conlleva dos cosas: efectivamente, por una parte se dejan de vivir valores que eran fundamentales, y por la otra se van descubriendo nuevos valores que antes no eran tomados en cuenta o que eran rechazados. ¿Qué nos conviene hacer? Podemos seguir defendiendo los valores tradicionales en los cuales nos hemos desarrollado y al mismo tiempo conviene que intentemos entender e incluir a los nuevos.

 

 

Mtro. Salvador Ceja Oseguera

Profesor de filosofía de la educación. Posgrados UPAEP

 

 

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