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Universos Samperianos Homenaje a Guillermo Samperio

4 May 2017

 

La lluvia cae sobre la terraza del café. Bebo un capuchino mientras aguardo a los fantasmas. Vibra el cielo con la humareda de mis cigarrillos. Una fumada más a la pipa y al fondo escucho la voz fantasmal de Guillermo Samperio (1948-2016) quien me lleva a descubrir sueños, ríos subterráneos, terremotos magnéticos, hecatombes de la psique. Un deseo eterno por la mujer, una floritura desnudándose en la noche. Un perfume humeante nos acecha en la belleza de Marilyn Monroe. En el incendio de los ojos se desata la voz samperiana. Se abre la noche en un lamento y en risas. Nos observan mujeres fosforescentes, palpitan los márgenes del libro, caballos ambarinos atraviesan la noche de nuestros ojos y se recuestan sobre los párpados. Somos una ventana oval cuando leemos sus letras, una ventana abierta al infinito que nos envuelve en la belleza, el misterio. La luna oculta del pensamiento. 

 

En sus libros fluye la luz y el silencio, centenares de caballos y aves en lontananza, la maravilla del desgarrarse la voz, del embriagarse como decía Baudelaire. Después, Guillermo, mi brotherzaso, el prolífico autor, me cuenta en su casa de la Narvarte eventos significativos de su infancia, de su vida, y desde la tarde hasta la noche fumamos como chacuacos, y me dice, me llama hijín y campeón, también Ru. Hablamos de las cientos de imágenes decorando sus paredes y retumba su voz; un genio de las letras, de la ficción. Fue tallerista con Juan José Arreola y Augusto Monterroso.

 

Él me citaba todos los martes cuando no daba su taller y fumábamos, lo veía dibujar y contarme mundos. Sus enseñanzas literarias eran particulares. Siempre fuimos brothers y yo cada semana acudía; leía sus escritos. Las revistas. Escuchábamos a Cobain y a Bob Marley. Samperio y sus cautivantes textos en contra del sistema. La rebeldía. Su prosa innovadora sorprende al lector y lo arrastra a lo desconocido:

 

En este momento, por ejemplo, podrías darle a un amigo un recorrido por tu casa y te llevaría horas detallarle porqué está este sacapuntas chino, aquel zapatito de tacón de metal dorado, la cabeza de un fraile reducida en el Amazonas, el separador de libros con la reproducción de “La mujer acodada”, un lienzo cubista de Picasso. A la gente le gusta escucharte porque, al entrar a tu gabinete de curiosidades, o departamento enmurruñado, al principio no ponen atención en el cosmos de cosas que ahí habita, esperas la pregunta sobre la ruedita de la fortuna negra con sillas rojas dentro de un medio óvalo con agua, que a su pie lleva el letrero Wien Reisenrad en alemán y comienzas la historia y, si el escucha se descuida, le vas ligando una anécdota con otra, a través de las cosas pequeñas, hasta dejarle en el oído algo como un libro hablado. 

 

La editorial Cátedra, de Madrid, publicó Maravillas Malabares (2015) con una amplia introducción de Javier Fernández quien preparó la antología. Cabe destacar que en esta editorial sólo están dos mexicanos previamente: Octavio Paz y Salvador Elizondo. El primero entró en la colección vivo, el otro, muerto. Guillermo Samperio era el segundo mexicano vivo en Cátedra. 

 

En la editorial Alfaguara también apareció hace unos años Historia de un vestido negro (2013) y en el Fondo de Cultura Económica, Sueños de escarabajo (2013). La editorial Educación y Cultura de Puebla en conjunción con Trama Editorial de Madrid publicaron otro libro de cuentos del autor titulado Al fondo se escucha el rumor del océano (2013). Un año antes aparece en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México su libro de ensayos El príncipe Medusa (2012). Todos estos textos son la labor de más de diez años de trabajo donde perduran sus sinfonías de palabras. Su último libro publicado fue Volvimos a escuchar ese adagio de Mozart, publicado en España por Chamán Ediciones, 2016. Una grandiosa labor del editor Pedro Gascón. 

 

Se abre la cerradura secreta y los automóviles en Insurgentes brincan asustados a las laterales pues una turba de caballos va en sentido contrario sobre el puente y mientras los caballos terminan de bajar el puente, se suben a los microbuses, desalojan a los microbuseros, y los caballos manejan el vehículo con cuidado y no les cobran a las gentes y, en lugar de boletos, les entregan un poco de pastura; la gente agradece con un relincho. 

 

Pero no todo es algarabía. También son caballos sangrientos. Caballos que “galoparon los libros de torneos, guerras. Cacerías. Otros, muertos, dispersos en el campo de batalla: su sangre escurría entre hierbajos, arenas, rocas.” Caballos caen relampagueando en el abismo. Caballos estruendosos que brillan en la oscuridad del mundo. Caballos de oro en la noche (2013) editado en Medellín, Colombia, por Sílaba Editores.

 

En los libros de Guillermo Samperio hay una diversidad de emociones y corrientes que se mezclan. Hay ensayos para los zurdos. Un poema dedicado a “la noche insólita de mi derrumbe”. Es un viaje al paroxismo y a las estrellas de fuego. A los pájaros en trino que dan vueltas en la mente, a la infancia de jicotillos voladores y canicas de agua. De huesitos de durazno pintados de colores. Nos deslumbra el verde de los jardines, la sombra del sol. Porque en sus líneas está el trance, la emoción fuerte y dulce de las cosas, el golpe seco a la medianoche. Samperio lo ha dejado todo, y nos deslumbra con las imágenes que perduran en los pensamientos y se expanden con las emociones. Se quiebran los paradigmas de la realidad porque las catarinas vuelan hacia Guillóm. Abren sus alas posadas en su nariz y sus tatuajes. Se elevan hasta perderse en el verde de la yerba. Siempre ha sido respetuoso con ellas, igual que con las lombrices. También su fascinación por lo diminuto lo llevó a descubrir las cochinillas, preferidas por “su capacidad de hacerse bola gris disimulada, la mejor defensa contra sus predadores”. Todo un almanaque de vivencias y encuentros con el “humo de palabras”, con “el hombre que recogía los vasos”. Entramos a constelaciones donde municiones nos ametrallan, y “Grecia y Libertad”, calles de la colonia Clavería, donde el escritor nació, nos dan cuenta de una Ciudad de México archipoliédrica. 

 

Universos samperianos se desbocan como estrellas en la madrugada para decirnos que la vida es una pelusa detenida en el aire, un escarabajo esmeralda y cobrizo, un pitcher que pierde el brazo. La última fumada de un cigarrillo. Luz expandiéndose en el eco de setenta veces siete sobre el cadáver de una mujer con zapatos de tacón púrpura. 

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