¿Sabemos divertirnos los mexicanos?

Edith Esquivel Eguiguren

 

           

 

 

 

 

 

 

Y tú, ¿cuánto gastas en entretenimiento? Probablemente más de lo que crees, porque entretenimiento no es nada más ir al cine, a conciertos o al teatro. Entretenimiento es todo aquello que hacemos para no aburrirnos. Y hacemos mucho, pues el aburrimiento es una sensación desagradable y físicamente dolorosa. Así es, ¡provoca dolor físico! Algunos expertos aseguran que el aburrimiento es un mecanismo de supervivencia, pues nos lleva a la acción y combate la muerte de neuronas.

 

Evitar el aburrimiento es una necesidad, así que llenamos nuestras vidas con distracciones que no necesariamente clasificaríamos bajo el presupuesto de diversión: la gasolina que usamos para no estar en casa, los gastos en mascotas, las compras recreacionales, comer y beber fuera son solo algunos ejemplos. De acuerdo con una encuesta, casi 40% de los mexicanos afirman que algunas veces se sienten aburridos durante su tiempo libre[1], lo cual es sorprendente si consideramos que los mexicanos contamos con muy poco tiempo libre, pues “presumimos” de tener una de las más largas jornadas laborales del continente.

 

De acuerdo con cifras del Conaculta, los mexicanos preferimos no hacer nada o ver televisión en nuestro tiempo libre; 48% de los encuestados dicen estar poco o nada interesados en actividades culturales. Quizás esta elevada cifra no parezca alarmante en un país con otros muchos problemas, incluyendo los económicos, pero si ponemos atención notaremos que nuestras estrategias para combatir el aburrimiento pueden estar contribuyendo a la pobreza económica.

 

Tomemos como ejemplo la televisión, que es el pasatiempo favorito en este país. En primer lugar, 41% de hogares tienen televisión de paga[2] y se espera que en cinco años esa cifra crezca un 70%. Y el costo de la televisión de paga en México es de los más altos en el mundo. Los mexicanos pagamos 83% más que los usuarios en Suecia. De los países de la OCDE, solamente Irlanda paga más por su televisión de paga. El precio promedio es de 400 pesos al mes; si los ahorráramos, en diez años tendríamos ¡48,000 pesos! Por si esto fuera poco, ver demasiada televisión nos cobra otra factura: la propensión a enfermedades como obesidad, diabetes, afecciones cardíacas, cáncer y muerte prematura. Especialmente en infantes, los estudios demuestran que una exposición excesiva a la televisión educa a niños materialistas con todos los efectos que esto conlleva en su salud mental y en la economía familiar[3].

 

La televisión, al igual que otras distracciones simples, tiene otra desventaja: entre más horas se le dedica, menor es su efectividad para matar el aburrimiento. ¿Por qué? Porque para disfrutar cualquier estímulo, éste debe tener equilibrio entre lo conocido y lo desconocido. Cuando algo es demasiado familiar para nosotros, fastidia, y cuando algo es demasiado extraño, confunde y cansa. Esta es la razón por la cual los juegos de vídeo presentan al jugador nuevos retos que no estén muy por arriba de su habilidad, pero que tampoco sean demasiado fáciles de solucionar. Pero para encontrar el balance perfecto que el entretenimiento requiere, es necesario exponernos a lo desconocido y a lo difícil de vez en cuando. Es poco probable que una persona que nunca ha ido a un museo de arte moderno, escuchado la ópera, asistido a un concierto de música clásica, o leído una novela, disfrute la experiencia en su primer intento. Para obtener placer de cualquiera de estos estímulos se requiere cierto grado de familiaridad y habilidad,[4] como sucede cuando jugamos por primera vez un juego de mesa: primero hay que conocer las reglas, acostumbrarnos a ellas viendo jugar a otros, y hacer una partida de prueba.   

 

Si desconocemos cómo extraer placer de las actividades recreativas, creemos que la mayoría de las expresiones culturales “no son para nosotros” y nos vamos por el camino más transitado y el que requiere menos experiencia, como la compra de artículos de confort, mirar televisión, ir de compras y otras cosas que cualquiera puede disfrutar. Pero al ir por el camino más sencillo pagamos un alto precio financiero. El entretenimiento fácil puede ser muy costoso porque suele tener alta demanda. Leer un libro de moda es mucho más costoso que leer un clásico. Pero el costo puede también ser emocional, porque al final de cuentas, seguimos aburridos.

 

Así como es desaconsejable invertir todo nuestro dinero en un solo negocio o compañía, también es necesario diversificar las fuentes de satisfacción de la vida. Desarrollar habilidades culturales y deportivas, como el disfrute y práctica de distintos géneros musicales, lectura, danza, pintura, teatro, cine sin clichés, y otras artes y campos del conocimiento como la historia y la psicología, te permitirá acceder a una fuente inagotable de placeres que, por su creciente complejidad y riqueza, hará que esperes con ansias tus momentos de esparcimiento.

 

Y esto me trae a mi reflexión final, de los países de la OCDE, los mexicanos somos de los que trabajamos más horas pero con la productividad más baja y con ingresos 188% menores que el promedio de los países miembros. También estamos reprobados en ahorro para el retiro. Quizás la causa sea que, subconscientemente, queremos estar en el trabajo, todos los días hasta la muerte, aunque no seamos más productivos, ni ganemos más dinero, porque sabemos que la otra opción es ir a casa y no hacer nada o ver televisión, y en carne propia hemos probado lo amargo del aburrimiento.

 

Nos hace falta descubrir, porque nadie nos lo enseñó, que la cultura no es algo para presumir, sino que tiene un objetivo de supervivencia pura: evitar el dolor del aburrimiento. Pero la cultura es una herramienta que necesitamos aprender a utilizar, y es imprescindible para el disfrute del tiempo libre, para obtener placer de la vida misma. Puede ser la diferencia entre dedicar la vida a un trabajo mediocre o tomar las riendas de una existencia rica y emocionante.

 

Yo no me interesé en las finanzas personales porque me apasionan los números, y la lectura de pólizas, leyes o contratos; me interesé en la independencia financiera porque quiero tener tiempo y recursos para escribir, leer, ir a museos y sumergirme en el arte y cultura de otras regiones. ¿Para qué querría alguien libertad financiera si sabe que cuando la obtenga no sabrá qué hacer con su tiempo y su dinero? ¿Cuántas personas no ansían volver al trabajo apenas se jubilan? La apatía hacia la cultura va de la mano con la apatía financiera, pero ambas son un asunto de salud o enfermedad, libertad o esclavitud, vida o muerte. La apatía cultural es la raíz oculta detrás de muchos de nuestros problemas en un país donde todo parece desmoronarse.

 

 

 

 

Mtra. Edith Esquivel Eguiguren
Escritora, traductora, correctora de estilo y artículista para el portal Dinero del grupo Imagen.
Twitter: @medithie

 

[1] Estudio IMO sobre tiempo libre, diciembre 2009.

[2] LAMAC, 2011.

[3] Good Childhood inquiry, 2009.

[4] Tibor Scitovsky, Frustraciones de la riqueza. Fondo de Cultura Económica, 1976