CON EL MULTICULTURALISMO
EN LA SANGRE

La noción de multiculturalismo existe en México desde la época prehispánica y prevalece hasta nuestros días. La actividad comercial existente entre los pueblos que radicaban en Mesoamérica antes de la llegada de los españoles, los colocó en una postura de apertura no solo económica, sino también mental, abiertos al conocimiento y aceptación de diferentes formas de vida, lenguajes, ritos y creencias.

 

El pueblo español que arribó a estas tierras no era ajeno a la multiculturalidad, además de la diversidad de lenguas que constituían su territorio, la ubicación geográfica de la península ibérica en el Mediterráneo facilitaba a sus habitantes en un constante contacto con una gran variedad de culturas del mundo hasta entonces conocido. Un factor de fuerte impulso multicultural lo representó el dominio del que fueron objeto durante casi ocho siglos por parte de los moros. La diversidad cultural no le era ajena al español lo cual favoreció que se diera el mestizaje en las colonias españolas de América.

 

Cierto que con la conquista se destruyó un estilo de vida y se quiso imponer otro, pero ni uno murió del todo y el otro triunfó totalmente; por supuesto que este proceso fue en algunos casos dolorosos, pero no tanto como el que vivieron otros pueblos que fueron exterminados por sus conquistadores anglosajones. Los habitantes de México son el fruto de la fusión de dos culturas que previamente ya habían vivido en un ambiente multicultural.

El multiculturalismo vivido en México durante su historia no es sinónimo de equidad o de justicia. Un ejemplo se puede ver en el código de atuendos que se estableció en la Nueva España, el cual consistía en determinar el tipo de atuendo que debía usarse de acuerdo con la casta a la que se pertenecía; los indios debían llevar el traje blanco que constaba de calzón y camisa de manta, los negros y zambos tenían permitido usar sólo calzón blanco, los peninsulares y criollos vestían a la europea, y poco a poco se fue creando un estilo peculiar: el de los mestizos, caracterizados por la China Poblana y el Chinaco.

 

Esta sencilla estrategia fue muy efectiva para marcar los límites de castas y enfatizar las diferencias. Con el paso del tiempo portar el traje de indio fue la insignia de la derrota, del vencido. Se convirtió en objeto de vejación. El mestizo lo último que deseaba era ser vinculado a esa casta abominable, no obstante que de allí derivaba.

Durante trescientos años esta forma de vestir, de vivir y de pensar se arraigó profundamente. La guerra de independencia fue iniciada por criollos y ganada por mestizos, quienes heredamos el estigma de las castas. El nexo del indígena con el mestizo representa debilidad, derrota y dolor, por lo que se asume la actitud del que el dolor hay que ignorarlo para no sentirlo, aunque permanezca. Han transcurrido doscientos años del México independiente, durante los cuales las culturas indígenas han sido marginadas, ignoradas y abandonadas a su suerte.

 

El mexicano de todos los tiempos siempre ha acogido individuos, ideas y conocimientos de todo el orbe, no necesita pregonarlo al mundo, pues practica y vive intensamente el multiculturalismo. Reconozcamos y aceptemos nuestros orígenes, reconciliémonos con nuestros antepasados indígenas y españoles, así fortaleceremos nuestra identidad creando un México sólido, auténtico y verdaderamente independiente