Cajón   peruano   o   cajón   flamenco?

Un recorrido   histórico   para   la inmersión   de   un instrumento

Jimena German Blanco

 

Seguramente alguna vez has visto un instrumento de percusión cuya apariencia es una simple caja de madera que se toca golpeándolo con distintas partes de la mano y además sirve de banco. Su nombre es cajón peruano y su lugar de origen –como bien lo puedes deducir- es Perú. Se cree que en épocas de la Colonia española se prohibieron algunos instrumentos utilizados por los indígenas nativos para comunicarse (generalmente fabricados con cuero) y, en este contexto, se buscaron alternativas de material para la construcción de otro artefacto. Así, haciendo un prisma rectangular con trozos de madera delgados, se creó el cajón.

 

            Sin embargo, hoy en día, este instrumento es muchas veces asociado a un género de música en especial: el flamenco. No sólo se asocia sino que, en efecto, pasó de ser cajón peruano a existir además el cajón flamenco en sí. Se preguntarán si el intercambio y mestizaje cultural originado de la fusión de las culturas americanas y la cultura española fue el causante de que este instrumento se incorporara a la música flamenca (estilo musical específicamente andaluz), la respuesta es no.

 

            El flamenco es una expresión cultural resultante de la mezcla del folclore africano, americano (de la Nueva España), árabe, español, judío y, en mayor medida, gitano; todas estas culturas llegaron a convivir al mismo tiempo en la península ibérica. Se cree que el éxodo gitano inicia en el siglo V desde la India, creando ramificaciones en su recorrido que hicieron llegar a su población a lugares muy distintos entre sí. Así, podemos hablar de población gitana en países de Europa del Este como Inglaterra o España.

 

No obstante, la aportación músico-cultural que desempeñó la comunidad gitana en este último país, ha sido una de las más notables en la historia de la música en el mundo: casi como hablar de la comunidad negra en el jazz o el blues. Para el siglo XIX, los gitanos ya representaban una población considerable en España, y aunque los ritmos del flamenco comienzan a forjarse desde antes, es en este siglo en el que se reconoce el flamenco como tal (el momento en que se acuña el término).

 

En este contexto me referiré a tres puntos elementales. El primero es que el flamenco se caracteriza por tener tres prácticas artísticas clave a través de las cuales se manifiesta: cante (sí, cante, no “canto”), guitarra y baile. El segundo es el orden en el cual el flamenco evoluciona: al surgir como una válvula de escape ante el sufrimiento de ciertos sectores de la población, víctimas de esclavitud, pobreza, desplazamientos o trabajos  forzados, etcétera (una especie de desahogo por parte de las clases segregadas y marginadas), que se inicia primero con el cante, ya sea cantando en una mina o forjando hierro, acompañado de percusiones, digamos, “precarias”. Posteriormente se unirá la guitarra, y más adelante el baile para expresiones musicales y folclóricas populares. El tercer punto, es para aclarar por qué hablar de “percusiones precarias” que acompañaban al cante. El cante por ser la manifestación de la cual surge todo lo demás en el flamenco, es la pieza más importante para abordar, entender o explicar el flamenco musical y culturalmente hablando. Éste comienza a regirse desde sus inicios por una base rítmica originada a partir del uso mecánico y constante de instrumentos de trabajo que, de algún modo, fungían como percusión: por ejemplo, un yunque o un martillo. Después se introducen las palmas (es decir, las manos “aplaudiendo” con un ritmo específico).

 

Hoy en día las palmas (una manera de hacer percusión con nuestro propio cuerpo) siguen siendo un elemento imprescindible para la ejecución y formación en el flamenco. El papel de las palmas en un espectáculo de cante, guitarra o baile, o de los tres a la vez, tiene como principal objetivo dar una base rítmica y dar sustento al papel de los demás artistas en escena. Sin embargo, hay que tener en cuenta que hablar de percusión en la forma más “pura” del flamenco (tomando distancia del campo semántico del término “pureza”, pues el flamenco en sí no debería  considerarse como un estilo puro dada su naturaleza de interculturalidad), no es remitir a un instrumento en sí de percusión.

 

Pero entonces ¿cómo es que se conecta el prisma de madera inventado por los nativos peruanos y la historia del flamenco?

Bien, a esto podemos llegar, uniendo el reconocimiento lingüístico y cultural del flamenco a lo largo del siglo XIX, es a finales de éste y en las primeras décadas del siglo XX lo que se considera como la época de oro del flamenco. Dada la importancia generada para la producción, difusión y solidificación de este género en cante, guitarra y baile, se trabajó un proceso de “siembra” para una futura cosecha de estructuras, estilos y técnicas que moldearían al flamenco como una parte elemental del patrimonio cultural andaluz hasta nuestros días. Sin embargo, en 1947, nace Francisco Sánchez Gómez, aquel que le dará un giro sin precedentes a este acervo.

 

Paco de Lucía (Paco de Francisco, de Lucía por ser hijo de Lucía), guitarrista y compositor gaditano, fue el artista que revolucionó el flamenco. Desde muy joven demostró tener una habilidad inhabitual con la guitarra y, aunque él era payo (no gitano), su  vida y su entorno estuvieron rodeados de las expresiones musicales flamencas propias de la comunidad gitana de Andalucía. Enriqueció estructuras y normativas musicales propias del flamenco con la riqueza musical de un género como el latin jazz, no obstante, siempre respetando las bases rítmicas y teóricas del flamenco. Por ello, aunque sus creaciones implicaron una impresión fuerte y, en primera instancia negativa, para la comunidad flamenca de su época, logró que ésta legitimara la manera en que experimentó e innovó con el género musical por el cual era reconocido.

 

En uno de sus viajes a América, Paco conoce el cajón peruano y decide experimentar con este instrumento para enriquecer sus composiciones. Es hasta la década de los 80 cuando el cajón peruano se introduce por primera vez en una producción musical flamenca: en el disco Yo sólo quiero caminar (1981). Rubem Dantas fue el percusionista representante en este giro, por ser el ejecutor en esta innovación como parte del grupo Sextet formado por Paco de Lucía, en el que no sólo se introducía el cajón a composiciones flamencas sino también la flauta, el bajo y el saxofón.

 

Esta innovación generó no sólo la evolución musical, sino técnica y de fabricación de los cajones en la industria musical. Si bien en el siglo pasado la innovación seguía siendo un cajón peruano como parte de los instrumentos en un grupo flamenco, hoy en día el cajón flamenco es un instrumento más en tanto sus diferencias formales de fabricación. Así, la manera de distinguirlos es que el cajón peruano es una caja de madera hueca, sin más; mientras que el cajón flamenco es una caja de madera hueca con cuerdas en su interior pegadas a la cara central del instrumento (sobre la que se toca la mayoría de las veces). Asimismo, en la técnica para tocarlo dieron importantes aportes a nuestra contemporaneidad Antonio Carmona y Ramón Porrina.

 

Hoy en día el flamenco sigue siendo, como muchos otros, un género en constante cambio y evolución. Sus bases más elementales se caracterizan por una gran complejidad técnica en cualquiera de sus manifestaciones (cante, guitarra y baile) que lo hacen a la vez ser un género único en su riqueza y variedad. No hay que perder de vista que siempre es necesario conocer y sobre todo entender las raíces para poder trascender en la innovación: los aportes de Paco de Lucía al flamenco fueron mucho más allá de las innovaciones en cuanto a la guitarra, y hoy se le reconoce por haber revolucionado el flamenco a nivel global, pero sin desprenderse nunca de su punto de partida.

 

 

 

 

 

Jimena German Blanco
Candidata a Licenciada en Humanidades y Estudios Culturales
por la Universidad de las Américas Puebla.