Educación para la ciudadanía: una urgente necesidad

“No es signo de salud el estar bien adaptado a una sociedad enferma” Jiddu Krishnamurti

El tema de la educación para la ciudadanía está cobrando una relevancia cada vez mayor en la sociedad actual. Un simple vistazo a las noticias o un recuento de los temas de conversación cotidiana en nuestros hogares, pueden darnos idea de las razones por las cuales esta dimensión de la formación es una necesidad urgente.

 

La creciente espiral de violencia que se vive, la también creciente desigualdad social y la muy triste realidad de millones de personas que viven en situación de pobreza extrema –que tenderá a aumentar con la crisis financiera mundial que, según los expertos, durará al menos todo este año-, la destrucción de la naturaleza con sus consecuencias en el cambio climático, la discriminación por razones de género, raza, religión, preferencia sexual o cultura, la persistente violencia intrafamiliar y muchos otros males sociales son realidades cotidianas en el mundo y en nuestro país.

 

Esta situación de decadencia global, de auténtica “crisis de civilización”, manifiesta en lo económico, lo político, lo cultural, lo ambiental, lo espiritual, está pidiendo, según el pensador francés Edgar Morin una “reforma del pensamiento”, una “reforma de la sociedad”, una “reforma moral” y una “reforma del espíritu (una reforma educativa).

Si bien es cierto que el proceso de deterioro planetario es un fenómeno complejo y su solución pasa por reformas profundas en muchos campos de la vida humana, la educación ocupa un lugar muy importante en la respuesta a estos desafíos, dado que es por medio de ella que se puede ir cambiando “el espíritu” –la mente y el corazón- de las nuevas generaciones.

Pero no podrá haber una real reforma de la educación que contribuya a revertir el proceso de decadencia humana si no se toma con toda la seriedad que requiere la formación para la ciudadanía.

 

Más allá de lo que se está haciendo actualmente con la inclusión de asignaturas como “formación cívica y ética”, la formación ciudadana que requiere el mundo global implica un cambio de visión y de mentalidad en los educadores, en los diseñadores curriculares y en los directivos que definen las políticas de gestión de las instituciones educativas.

La formación para la ciudadanía en el mundo de hoy requiere de una formación en el pensamiento crítico que evite formar jóvenes que se adapten a esta sociedad enferma. Precisa también del desarrollo de una tolerancia activa, que implica la convicción de que el que piensa distinto puede también tener la razón. Necesita, aunque se escuche “cursi”, de una educación de la capacidad de amar –que no es un mero sentimiento espontáneo, sino una decisión que brota de una educación emocional adecuada.

 

Porque, como afirmaba Martin Luther King, en la construcción de una sociedad más humana “…la verdad desarmada y el amor incondicional tendrán la última palabra”.