La lectura alfa y omega del hombre

Hablar, decir, comunicar, son acciones que nos ayudan a entendernos, descubrir nuestro entorno. Pero ahora con el lenguaje de los mensajes en los celulares y las redes sociales, estamos abriendo nuevos códigos, más simples o simplificados, por ejemplo: “que” lo sustituimos con ‘k’; “bien” con ‘bn’ ¿No estaremos perdiendo la capacidad de elaborar un lenguaje más propio? ¿No nos estaremos quedando con la idea de que los demás nos entiendan?

En el ámbito generacional los jóvenes incursionan con nuevas formas de expresión y la distancia con los adultos se hace cada vez mayor.

 

Álex Grijelmo dice: “que la estructura gramatical determina la estructura del pensamiento”… “Para tener un horizonte común de compresión, debemos de tener un lenguaje común que nos ayude a expresar lo que sentimos”. ¿Será así en el modo de pensar de estas nuevas generaciones? ¿Qué su modo de expresarse determina otra forma de pensar?

Los signos, elementos indispensables para la comunicación, los encontramos en el arte, en los códigos musicales, en la moda, en el comer y en el beber; el elemento predominante hoy en día, ya no es el oído, sino la vista; “la cultura de la imagen”.

 

Una conferencia ya no se hace atractiva si no va acompañada de un sinnúmero de imágenes. La palabra ya no basta, la oratoria, la argumentación han ido cediendo ante la imagen, es ahora una presentación por internet, lo que te convence y te despierta valores, emociones, ideas. Es otro tipo de comunicación tal vez más rápida, más impactante ,pero superficial “recuerdo la imagen pero no la palabra”.

 

Actualmente se ha cancelado la Enciclopedia Británica impresa para dar lugar a su consulta por internet, los libros agonizan en esta cultura del siglo XXI ¿Pasamos algo mejor? O a una cultura de la información sin una cultura de la profundización.

Alfabetizar a través de la computadora. Lo humano del hombre se ha convertido en cibernética “el cerebro está ahí donde está la tecnología”.

 

Recordemos que la lectura es la interpretación no solo de un texto, sino de la vida misma, del ser y del quehacer humano.

Retomemos la lectura como un elemento valioso que nos acerca a nosotros mismos. Leer para interpretar, para conocer, para decidir. Leer el futuro no en una caja mágica sino en libros, “eterna memoria del hombre”.

Cuando leo, ¿qué sucede? Aprender para entender, entender para celebrar y celebrar para vivir. Aprendizaje de códigos que significan, que tienen un sentido. La imagen más maravillosa que es el pensamiento. Comprender ese ente misterioso que es el sentido de las cosas, entre niebla y luz, entre coherencia y absurdo, entre grandeza y pequeñez, ahí está el germen, “el sentido” ¿Comprendes? Debajo de este ropaje está el hombre, está lo humano.

 

Celebrar signos, gestos, en épocas palabras, cultura. Danzas, ritos, tradiciones, fiestas, ahí el “ubi” (lugar) de la cultura y finalmente de la vida. Vivir lo que se piensa, lo que se aprende, lo que comprendes, manantial irreconciliable, dinamismo, no mundo estático. Vivir por la lectura, por interpretar la vida, por leerte a ti mismo.

¿Pero, qué pasa con los lenguajes formalizados? El de la ciencia, el de la cibernética y el de la política internacional o nacional que no le llega al hombre común, al ama de casa, al niño; sobre todo en un país como el nuestro, ¿es una utopía del lenguaje “culto”, cuando muchos no tenemos acceso a la significación de ese lenguaje? Ahí es el lugar de la lectura que despierta modos de pensar que se apropien de una comprensión más amplia de nuestra situación de vida; los medios de comunicación no solo informan, “forman”; pero, de ¿hasta qué punto, una imagen Bart Simpson forma la imagen de un hijo modelo? ¿Hasta dónde Homero representa la imagen de un padre capaz, inserto en la cultura del México de hoy?

Leer en la lógica de las lenguas artificiales como las caricaturas nos separan de una identidad nacional y personal de una oscura búsqueda de saber quiénes somos y qué queremos.

 

A mayor conocimiento, mayor libertad de decisión, mayor comprensión de lectura. ¿Eres leído o releído por la historia, por tu historia?

Es decir, ser sujeto de que te interpreten como sujeto de lectura, eres texto abierto; un texto abierto y no cerrado, inteligible y no borroso, ¡eres alfa y omega!